Como he relatado en reportajes anteriores, en el año 1935 el afamado piloto italiano residente en Chile, Antonio Caliri, haciendo gala de sus conocimientos de ingeniería, montó junto a un equipo de mecánicos un motor aeronáutico Curtiss de 12 cilindros sobre el chasis de un automóvil Hudson cabriolet. Le instalaron un robusto diferencial de un Hudson sedán y le fabricaron una aerodinámica carrocería del tipo “baquet”, la que tenía la particularidad de ubicar al piloto adelante y al mecánico a sus espaldas, tal como en la cabina de un avión de caza. Inmediatamente detrás del conductor, entre los asientos de ambos hombres, se ubicaba el estanque de bencina, en una conformación original e inédita.

Caliri y su equipo debieron extremar su pericia para hacer que le funcionaran los diversos “injertos“ mecánicos, especialmente en el sistema de transmisión, ya que no era tarea fácil poner tanta potencia –más de 400 HP- en sincronía armónica de la caja de cambios con las ruedas motrices y el chasis. La espectacular carrocería, sumada a los doce tubos de escapes laterales, el enorme radiador y el imponente “spoiler” delantero le otorgaban al “Caliri Special” una apariencia impresionante. Por cábala se le puso el N° 19. En su frontal lucía orgullosamente una insignia especialmente diseñada con el nombre “Caliri Special”; nombre que estaba también pintada a los costados traseros del bólido.

El italiano le confió este potente vehículo a uno de los mejores pilotos chilenos de antaño: el veloz y talentoso Óscar Andrade. La idea era correr el auto en las carreras del “Kilómetro Lanzado” e intentar una marca de velocidad histórica. Después de numerosas y exitosas pruebas, Andrade consiguió dominar al “monstruo”, al que conducía con singular pericia. Así, luego de varios intentos de alcanzar grandes velocidades, el “Caliri Special” al mando del temerario Andrade logró finalmente batir un récord internacional.

Fue en Septiembre del año 1935 en una competencia oficial del “Kilómetro Lanzado” realizada en la recta pavimentada del camino de Santiago a San Bernardo (hoy la Gran Avenida), cuando el temerario Andrade piloteando el “Caliri Special” hizo varias pasadas a impresionantes velocidades. En la más rápida de ellas, los controles oficiales de la prueba le cronometraron una velocidad media de 219 k/h, con la que no sólo batió las mejores marcas que existían en el continente, sino que además se convirtió en el primer coche y piloto latinoamericanos en romper la barrera de los 200k/h.

El espectacular triunfo de Óscar Andrade y su récord internacional fueron titulares en los principales medios de prensa latinoamericanos. El récord sudamericano anterior lo detentaba el famoso piloto argentino Ernesto Blanco quien en un gesto de gran caballerosidad fue uno de los primeros en hacerle llegar sus felicitaciones a Óscar Andrade. Incluso, con sus saludos, le mandó una foto de él sobre su legendario auto marca REO, en el que había logrado la marca de velocidad.

La fama de “Cacho” Andrade superó así nuestras fronteras, y sus dotes de hábil piloto las siguió luciendo por muchos años, participando con gran éxito en circuitos y en grandes premios por carreteras, tanto en Chile como en Argentina. Su larga y fructífera carrera deportiva se extendió desde la década del 30 hasta comienzos de la década del 50.

Fue el ganador de legendarias carreras entre ciudades que recorrieron los polvorientos caminos antiguos, como el Gran Premio de Coquimbo a Concepción en 1937, manejando un Ford V8. Además de sus récords en el Kilómetro Lanzado, sus triunfos más aplaudidos fueron en el Circuito Sur, entre Santiago y Puente Alto, y en el Circuito Apoquindo, en los que conquistó el N°1 del automovilismo nacional piloteando un coche baquet Hudson 8. Fue un volante muy popular y querido, que supo dejar un legado de pilotos jóvenes avezados, como lo fueron sus discípulos. Don Oscar Andrade Ramírez falleció en Santiago en el año 1977.