Lorenzo Varoli Gherardi nació en Talca el 8 de Abril de 1901. Debutó en el automovilismo en el año 1925 a bordo de un coche Dodge, en una carrera regional de Talca a Panimávida, en la que no tuvo mayor suerte y debió abandonar por fallas mecánicas. Luego, en 1929 participó en su primera gran competencia en la capital, piloteando un baquet biplaza con motor Chrysler en el famoso circuito sur entre Santiago y Puente Alto. Participaban allí los mejores pilotos de Chile y lamentablemente la inexperiencia del joven Varoli le costó muy caro. Punteaba la carrera el astro italiano Antonio Caliri, y cuando se aprestaba a sacarle una vuelta de ventaja al debutante joven talquino, ambos coches se toparon y el Studebaker del gran Caliri salió despedido fuera de la pista volcándose aparatosamente y resultando heridos gravemente sus tripulantes. Se determinó por parte de las autoridades que Varoli era el responsable de lo ocurrido por no haber dado la pasada en forma oportuna al líder, y se le aplicó una suspensión drástica de tres años. Ese infortunado suceso dejó una importante y dolorosa huella en el joven volante, pero no lo amilanó para volver a las pistas y carreteras donde regresaría en 1936, y al cabo de unos años demostraría su pericia, llegando a ser todo un campeón nacional en la década del cuarenta.

Lorenzo Varoli tuvo destacadas actuaciones tanto en Chile como en la República Argentina, empezando por el Gran Premio Internacional Virgilio Grego corrido en Febrero de 1936. Aquel histórico gran premio internacional argentino-chileno abarcó nueve etapas: Buenos Aires – Córdoba – Mendoza – Santiago – Temuco – Neuquén – Bariloche – Comodoro Rivadavia – Bahía Blanca y La Plata, sobre un total de 6.895 kilómetros. En la clasificación general de la carrera, hasta la llegada a Santiago, Lorenzo Varoli ocupaba el 9º lugar; siendo el mejor ubicado de los pilotos chilenos. En la meta santiaguina, ubicada en la Avda. Independencia, Varoli fue llevado en andas por el público hasta el puesto de control, siendo vitoreado como un héroe nacional. Entrevistado con dificultad por la prensa, señaló casi a gritos para hacerse escuchar por sobre los aplausos y vivas: “Estoy feliz de encontrarme nuevamente en Chile y del resultado que hasta el momento lleva la carrera. Considero que el camino es espléndido y que las circunstancias me han favorecido, de lo cual me plazco”. Dando muestras de gran energía, Varoli partió al poco rato rumbo a Talca para departir con su gente, desde donde tendría que volver al día siguiente a la capital para estar en la partida de la próxima etapa. Entre Santiago y Temuco hubo una lucha muy veloz y sin cuartel, la que produjo deserciones y cambios en la clasificación: ganó el argentino Ricardo Risatti en Ford V8, a un promedio de velocidad de 85,55 km/h, y con un tiempo de 9 horas 12 minutos, lo que constituyó un logro increíble. A estas alturas de la carrera, el mejor piloto chileno era siempre Lorenzo Varoli quien ocupaba el 8º lugar en la clasificación general, pero que lamentablemente abandonaría más adelante, al igual que los demás compatriotas. Al final, a la meta en la ciudad de La Plata, llegaron sólo unos pocos y agotados competidores, y la carrera fue ganada en definitiva por Raúl Riganti.

Con su hijo homónimo, su copiloto de muchas carreras

 

Luego, en Abril del mismo año 1936, Varoli tendría una destacada actuación en el Gran Premio de Viña del Mar hasta Concepción, logrando en su Plymouth el tercer lugar, tras el Hudson de Manuel Bengolea y el Ford de Roberto Moya. A fines de ese mismo año sufrió un accidente en un circuito en la ciudad de Curicó, cuando una piedra quebró el parabrisas de su auto y le impactó en la cara, destrozándole sus lentes y provocándole graves lesiones en los ojos. Debió ser intervenido quirúrgicamente en Santiago y logró recuperar plenamente su vista luego de una larga convalecencia.

En 1937 Lorenzo Varoli vuelve a las carreras y participa en el Gran Premio “ALIVIOL” entre las ciudades de Coquimbo y Concepción. Logra un excelente cuarto puesto en esta dura competencia que fue ganada por el afamado volante Óscar Andrade. Ese mismo año Varoli incursiona en el maratónico Gran Premio de la República Argentina, denominado Gran Premio de las Catorce Provincias, por su largo recorrido. El aguerrido talquino logró completar la agotadora competencia en el lugar 19, siendo ganador el piloto Ángel Lo Valvo

Una vez reiniciadas las actividades automovilísticas luego del receso obligado por la Segunda Guerra Mundial, Lorenzo Varoli participa en su Ford en el Gran Premio Internacional Argentina – Chile cuyo recorrido de casi 5.400 kms, dividido en seis etapas, abarcaba las ciudades de Buenos Aires, Río Cuarto, San Luis, Mendoza, Santiago, Viña del Mar, La Serena, Copiapó, Tucumán, Resistencia, Santa Fe y la meta en la Capital Federal. Desgraciadamente el piloto chileno debe abandonar por problemas mecánicos insalvables, y la carrera es ganada finalmente por Óscar Gálvez, “El Aguilucho”. Al año siguiente, en 1948, Varoli viaja nuevamente a correr a una prueba en la Argentina, en un circuito en la zona de Malarhue, donde obtiene un muy buen tercer lugar detrás de los argentinos Pablo Gullé y Domingo Marimón.

Posteriormente, en Septiembre de 1948 se corre por primera vez el Gran Premio Arica – Santiago, denominado Premio General INSA. Allí Lorenzo Varoli, en su fiel coupé Ford amarilla y con la compañía de su hijo homónimo, demuestra toda su experiencia, habilidad y coraje al imponerse de punta a cabo y ganar absolutamente todas las etapas de la larga competencia. Su más empecinado rival fue el conocido volante y también campeón de motociclismo, Emmanuel Cugniet. Ese gran premio, y su magistral actuación victoriosa de principio a fin, marcaron sin duda la definitiva consagración de Varoli como el primer campeón nacional de automovilismo de la post guerra. Fue el evento deportivo del año, tal como lo destacó la portada de la revista Estadio.

Meses después, ese mismo año, toma parte en la legendaria carrera de Buenos Aires a Caracas, también conocida como Gran Premio de la América del Sur, cuyo regreso fue por Lima, Viña del Mar, Santiago y vuelta a Buenos Aires. El volante talquino, con su hijo como copiloto, realiza una gran carrera y en varias etapas su Ford con el Nº 24 se ubica entre los cinco primeros. Desgraciadamente, tiene que abandonar definitivamente por fallas mecánicas, en territorio peruano, cuando marchaba en un expectante cuarto lugar.

En Abril de 1949 Lorenzo Varoli logra otra gran victoria en su Ford al imponerse en el Gran Premio Santiago Concepción con el excelente récord de 4 horas 16 minutos y 27 segundos, a un promedio de velocidad de 119.017 KPH. Derrota al invitado astro argentino Rosendo Hernández y a los chilenos Francisco Lyon y Bartolomé Ortiz quienes son sus escoltas. Este fue sin duda uno de sus triunfos importantes por las marcas que estableció para la época.

Ese mismo año Varoli, como campeón nacional, concurre a competir en el Gran Premio de las Catorce Provincias Argentinas, en el que participan las máximas glorias del automovilismo transandino, como Juan Manuel Fangio y los hermanos Óscar y Juan Gálvez. Nuestro valeroso piloto talquino fue nuevamente el mejor de los volantes chilenos, corriendo entreverado permanentemente en el grupo de avanzada con los máximos créditos argentinos, hasta la meta final en Buenos Aires. En definitiva obtiene un espectacular sexto lugar en la clasificación general, tras extenuantes once mil kilómetros de recorrido. El nombre de Varoli queda así estampado para el bronce entre los diez mejores de esa maratónica competencia que fue ganada por Juan Gálvez, y en la que Fangio y Óscar Gálvez ocuparon el segundo y tercer lugar. A su regreso al país Lorenzo Varoli es recibido como un héroe nacional, y la bienvenida que le dan en su Talca natal resulta apoteósica.

Con el campeón argentino Óscar Gálvez

 

En el Circuito de Macul de la capital se realizaría en 1950 una importante carrera internacional “El Gran Premio General San Martín” con los mejores pilotos de Argentina, Chile y Perú. Por cierto que Varoli estuvo presente y realizó una espectacular carrera entre el grupo de los cracks que se disputaban el liderato, hasta que lamentablemente concluyó su brillante actuación al volcar en una cerrada curva, quedando su Ford adentro de un zanjón. La disputada prueba fue ganada finalmente por Bartolomé Ortiz quien logró derrotar al campeón argentino Óscar Gálvez. En esta competencia Varoli sufriría los primeros síntomas de agotamiento por problemas cardíacos, enfermedad que luego de ser diagnosticad apresuraría su retiro de las pistas y lo obligaría a guardar reposo. El gigante del deporte mecánico veía así resentida su salud que parecía de hierro hasta ese entonces.

Cambiando una rueda en el Gran Premio Arica – Santiago de 1953

 

Lo anterior no impidió una última sobresaliente carrera por las rutas chilenas del gran piloto talquino, lo que ocurriría en el Gran Premio Copec de 1953. Fue esa una nueva carrera con el extenuante recorrido desde la nortina ciudad de Arica hasta la capital, tal como la prueba anterior en que Varoli había logrado la victoria en 1948, lo que claramente lo motivaba a participar, especialmente en vista de que competirían pilotos argentinos y peruanos dándole a la carrera un carácter internacional. Una vez más el experimentado volante de Talca fue el mejor representante chileno en la carrera, presentándole dura lucha al campeón mendocino Salvador Atagüile, quien a la larga resultaría ganador. Varoli lo escoltó hasta el final, superando a los otros ases nacionales Raúl “Papín” Jaras, Eduardo Kovacs y Luis Hernán Videla.

El resultado final del Gran Premio COPEC Arica – Santiago sería en definitiva:
1º Salvador Atagüile, N.o 1 con 19 hrs. 20’ 19’’
2º Lorenzo Varoli, N.o 3 con 20 hrs. 19 03’ 17’’
3º Raúl Jaras, N.o 2 con 20 hrs. 15’ 06’’
4º Eduardo Kovacs, N.o 7 con 20 hrs. 21’ 31’’
5º Hernán Videla, N.o 6 con 22 hrs. 44’ 21’’

Lorenzo Varoli acompañado por el mendocino Salvador Ataguile y Raúl “Papín” Jaras

Esa gran actuación de Varoli sería su despedida definitiva de las carreras y como no podía haber sido de otra manera, fue una vez más el mejor piloto chileno en un gran premio internacional. Fueron muchas sus actuaciones destacadas e históricas, de las que solamente hemos seleccionado aquellas que consideramos más relevantes.

Don Lorenzo Varoli Gherardi falleció en Constitución el 20 de Septiembre de 1960. La Asociación de Volantes de Chile organizó en honor suyo la carrera con la que culminaría esa temporada: el Gran Premio Lorenzo Varoli. La competencia tuvo una única versión para pasar así a la historia del automovilismo deportivo nacional: se corrió desde Santiago hasta Talca, la ciudad natal de Varoli, donde se le rindió un homenaje en su tumba, y luego la prueba siguió rumbo al sur hasta la ciudad de Los Ángeles. Concluida la primera etapa, todos los pilotos se dirigieron en grupo hacia el cementerio de Talca a rendir tributo al ex campeón recientemente fallecido, quien había sido un maestro para varios de ellos.

Allí se llevó a cabo una sencilla pero solemne ceremonia. Eugenio Velasco fue el encargado, como presidente de la Asociación de Volantes de Chile, de recordar las virtudes de Lorenzo Varoli y hacer recuerdos de sus éxitos deportivos. Luego, en un momento de silencio y congoja, los pilotos pusieron una ofrenda floral en el lugar donde descansaban los restos del ídolo talquino, rindiéndole así un merecido homenaje al famoso campeón nacional que brillara especialmente a fines de la década del cuarenta.