Ewy Rosqvist y Ursula Wirth eran amigas desde la juventud y residían en los alrededores de Gotemburgo. Estudiaban veterinaria por lo que habitualmente recorrían en auto largas distancias por caminos rurales visitando animales. Así nació su pasión por los autos, la que las llevó a correr en un Saab en un rally válido por el campeonato sueco. Luego de hacer sus primeras armas en su tierra natal, pasaron a competir en el Campeonato Europeo piloteando coches Volvo, con los que obtuvieron muchas victorias. Fue así como conquistaron el título europeo de rally en tres oportunidades.

Esos antecedentes llamaron la atención de los directivos de Mercedes Benz, quienes las invitaron a probar un auto y, luego de ver sus aptitudes, las integraron al equipo oficial. Debutaron en Holanda en el Rally de los Tulipanes y compitieron en varios más en Europa, incluido el famoso Rally de Montecarlo, antes de que les notificaran que participarían en el Gran Premio Internacional de Turismo de la República Argentina, en 1962. La prueba era una suerte de Rally Dakar de la época ya que el Gran Premio abarcaba nada menos que 4.624 kilómetros divididos en seis etapas, por el centro y norte del país, por caminos de tierra duros y peligrosos. La importancia de la carrera quedó demostrada al convocar a varias fábricas europeas con sus equipos oficiales de competición. La escuadra Mercedes Benz inscribió cuatro autos: dos 220 SE, uno para Ewy Rosqvist y otro para Herman Kuhne; y dos modelos 300 SE para Eugen Bohringer y el piloto/playboy argentino Carlos Menditeguy.

Como era de esperar, las jóvenes y hermosas suecas fueron desde el comienzo la nota curiosa para los aficionados tuercas, quienes creían que su participación era puro marketing de la empresa alemana en vista que Mercedes Benz ya había ganado la carrera el año anterior. Además, en su despliegue, la Mercedes había designado como directores de equipo a dos celebridades: Juan Manuel Fangio junto con Karl Kling, excompañeros en la Fórmula Uno antigua. Poco antes de la largada en Buenos Aires, Fangio les dio consejos a las dos suecas: “Manejen como siempre. Vayan tranquilas y dejen que los rivales se eliminen entre ellos, ya que la carrera es muy larga. Piensen sólo en el auto y en el camino”.

La noche de la largada convocó un total de 287 competidores (divididos en siete clases por cilindrada), frente a la sede del Automóvil Club Argentino en Buenos Aires. El numeroso público aplaudía a “Las Suecas”, cuya participación había llamado la atención de todos los medios. Frente al equipo Mercedes estaban como rivales los Volvo 122 S del equipo oficial de la fábrica sueca, entre cuyos pilotos se destacaban Gunnar Anderson (ganador del Gran Premio en 1960), el chileno Boris Garafulic Stipicic (corredor de Volvo, quien años después sería campeón de Chile de T.C.), los argentinos Rodolfo de Álzaga, Roberto “Bitito” Mieres y Atilio Viale del Carril. Entre las marcas de autos que estaban representadas en el Gran Premio figuraban también Lancia, Jaguar, Alfa Romeo, BMW, Auto Unión, Pontiac, Renault y Peugeot. Lo más granado de los pilotos argentinos estaba presente junto a volantes europeos, así como destacados deportistas sudamericanos.

En medio de la noche, la caravana avanzó velozmente rumbo a Villa Carlos Paz en la provincia de Córdoba. Por la ciudad de Río Cuarto, los Mercedes de Menditeguy y Bohringer lideraban, mientras “Las Suecas” se mantenían expectantes en el lote puntero. Ursula, acordándose de las instrucciones de Fangio, anotaba en su hoja de ruta los datos de todos los autos que encontraban abandonados en el camino… los que no eran pocos. Cientos de kilómetros más adelante, los Volvo de Andersson y Viale pasan a la vanguardia, seguidos muy de cerca por el Mercedes de “Las Suecas”, tanto es así que a los pocos kilómetros ya estaban ellas al frente de la carrera. Cuando se acercan al fin de la etapa, Menditeguy arremete y las supera casi en la misma línea de meta, pero no puede impedir que escandinavas ganen en tiempo real acumulado; de modo que ellas quedan en la vanguardia.

“Las Suecas” parten en la segunda etapa, rumbo a San Juan, perseguidas de cerca por varios Volvo, entre ellos el del chileno Boris Garafulic, pero se afirman en el primer puesto con un buen ritmo de carrera y un manejo eficiente de Ewy Rosqvist, en un auto que funcionaba como reloj. En tanto, el otro Mercedes 220 conducido por Herman Kuhne trata de ganar puestos, pero en una recta a cerca de 190 kilómetros por hora se le cruzan unas ovejas y vuelca espectacularmente, dando muchos tumbos. El piloto sale despedido al romperse los anclajes del cinturón de seguridad y lamentablemente muere en el lugar. En cambio, Manfred Schiek, su copiloto, corre mejor suerte pues queda amarrado al asiento y resulta ileso.

Al llegar a la meta las mujeres se enteran del triste final de su compañero y consternadas quieren abandonar la carrera en señal de duelo. Fangio las convence para que continúen. Les dice que el mejor homenaje para su amigo sería que ganaran. “Las Suecas” meditan, discuten y finalmente deciden seguir. Ganan la etapa a Tucumán, y repiten el triunfo en Catamarca, Córdoba y Arrecifes, con ritmo y precisión, sin cometer errores. Tras ellas, el hábil piloto Garafulic conduce velozmente su Volvo, y pese a la menor potencia de su auto, logra una gran performance que causa la admiración de los miles de aficionados, pues supera a todos los favoritos argentinos.

Finalmente, tras ganar las seis etapas y quebrar varios récords, “Las Suecas” y su Mercedes 220SE culminan su hazaña y triunfan holgadamente en la clasificación general del durísimo Gran Premio. Las ganadoras del equipo Mercedes tuvieron un promedio de velocidad de 126,872 KPH para toda la carrera.

En el segundo lugar de la general se consagra internacionalmente el futuro campeón chileno Boris Garafulic en un Volvo 122S del equipo oficial sueco, quien es además el ganador absoluto en la clase para coches de turismo hasta 2.000 c.c. Su eficiente copiloto y navegante era el alemán radicado en Chile, Hans Kaurt. El Volvo del piloto chileno tenía un motor de 4 cilindros y de 1.800 c.c. mientras que el Mercedes de las suecas poseía un motor de 6 cilindros y 2.200 c.c. lo que le otorgaba unos 20 kilómetros más de velocidad final. Su categoría, la mayor, era para autos con motores grandes, sobre 2.000 c.c. de cilindrada.

La performance de Boris Garafulic fue excepcional: ganó dos de las seis etapas y logró un promedio de velocidad de 116,500 KPH para los extenuantes más de 4.600 kilómetros de distancia total. Garafulic declaró después: “Como el Volvo blanco llevaba el nombre de Chile, en varias partes salieron compatriotas con sus pañuelos, a desearme suerte y sentirse orgullosos…muy emocionante, y me fortalecían, porque era Chile el que salía al camino a darnos una voz de aliento. ¡Todo lindo!”

“Las Suecas” sorprenden al llegar triunfantes a la meta, elegantes, maquilladas hasta y de labios pintados para las fotografías.  Las aclama un público eufórico, en el que había muchísimas mujeres que se sentían representadas por las dos bellas rubias que habían superado y vencido a los hombres más famosos del automovilismo.

Donde parábamos nos rodeaba el público. En los hoteles, el recorrido hasta nuestro cuarto estaba lleno de flores y la gente se agolpaba bajo el balcón para vernos salir. Nosotras les tirábamos flores”, recuerda Ewy.  Las amigas nórdicas recibieron numerosos agasajos y premios en Buenos Aires y luego en la sede de Mercedes Benz en Alemania. Fueron incluso recibidas y homenajeadas como heroínas por la Casa Real sueca en Estocolmo.

La actuación de Ewy Rosqvist y Ursula Wirth constituyó sin duda un hito en el automovilismo internacional. Desde entonces, para los aficionados tuercas, así como para la prensa serían simplemente “Las Suecas” que conquistaron Argentina.

¿Qué fue de ellas desde entonces? Siguieron compitiendo juntas con éxito en Europa y volvieron para el Gran Premio de Turismo argentino de 1963 logrando la tercera ubicación en la clasificación general. Al año siguiente Ursula se retira del automovilismo.

Ewy Rosqvist regresó en 1964 a Argentina (con la alemana Ana María Falk de navegante), logrando nuevamente el tercer lugar en el mismo Gran Premio. Compitió por unos años más para Mercedes y luego trabajó en la televisión como comentarista de Fórmula Uno. Tiempo después se casó con el barón Guillermo von Korff, director de Mercedes Benz, viviendo en Alemania hasta que su marido falleció. Regresó a Suecia y volvió a casarse, esta vez con Kart Gustav Sverderg, director de la Daimler Benz, quien también murió al poco tiempo. La doble viuda escribió el libro “Viaje a Través del Infierno”, en el que relata su gran actuación y las peripecias del Gran Premio argentino de 1962. Hoy, Ewy vive en Estocolmo y aunque anciana obviamente conduce un Mercedes Benz, pero contemporáneo. Su amiga Úrsula Wirth, llevaba una vida tranquila también en Suecia, hasta su fallecimiento acaecido el 10 de abril del año pasado. Ambas oficiaron un buen tiempo como embajadoras internacionales de la marca Mercedes Benz.

Por su parte, el piloto chileno Boris Garafulic, apodado popularmente “El Maestro”, llegaría a ser ídolo y campeón de Chile de Turismo Carretera los años 1968 y 1969, en su legendario Ford Falcon blanco con rayas azules. Falleció en Santiago en abril de 2008.

Santiago de Chile, diciembre de 2020