El deportivo más legendario del automovilismo chileno

Entre los aficionados al deporte motor hay consenso que hubo un auto deportivo que descolló en los caminos y pistas del país, transformándose en verdadera leyenda del automovilismo nacional. Se trata del Austin Healey que llevó tantas veces a la victoria en la década del 60 su envidiado propietario, el destacado piloto Germán Picó Domínguez.

Originalmente el coche era un roadster Austin Healey 100-6 de color blanco, equipado con un motor 6 cilindros de 2.600 c.c. de dos carburadores y válvulas en la culata, el que tenía una potencia aproximada de 117 HP, con frenos de tambor y caja de 4 velocidades más overdrive. Con esta conformación el auto participó exitosamente desde comienzos del año 1961 en varias competencias del calendario oficial en la categoría sport, destacándose en los circuitos de la Costanera en Santiago (2°lugar) y de Playa Ancha en Valparaíso (1er lugar). En el circuito de Limache obtuvo un 2° lugar en su debut, pero tiempo después participó nuevamente en ese mismo escenario, obteniendo esa vez el triunfo. También corrió en la recordada competencia caminera llamada Las Dos Provincias (entre la capital y las ciudades de la Quinta Región) en la que logró un meritorio 2° lugar. En casi todas estas carreras su gran rival entre los coches sport fue el Mercedes Benz 300SL “Alas de Gaviota” del destacado piloto viñamarino Eduardo Kovacs Jones.

Entusiasmado con estos éxitos, Germán Picó decidió pasar su veloz bólido inglés a las ligas mayores, para lo cual le hizo sustanciales modificaciones y mejoras de todo orden. Le importó un motor preparado por el departamento de competición de la British Motors Corporation (BMC) que era una derivación del motor con que corrían en rally en Europa los Austin Healey oficiales. Era conocido como MK3/ 3.000 aunque tenía en realidad 2.912 c.c., con doble encendido, culata de aluminio, pistones y leva especiales, 3 carburadores SU HS4 y múltiples de competición, así como tubos de escape de carrera, con todo lo cual su potencia llegaba hasta los 200 HP. Además, se le instalaron frenos de disco en las 4 ruedas, caja de cambios de 5 marchas, suspensión de carrera hecha en la fábrica B.M.C. y llantas especiales Borrani de rayos, entre otras cosas. El equipo de mecánicos a cargo de la transformación en nuestro país fue encabezado por el técnico Enrique Espinoza. Finalmente, el techo duro fue soldado a la carrocería del convertible para obtener así una mayor rigidez estructural, para mejorar la estabilidad, y el coche fue pintado de color rojo.

Convertido así en un verdadero “monstruo” de la velocidad, el ya famoso Austin Healey pasaría al primer plano del automovilismo al obtener sonadas victorias en los circuitos de San Bernardo, de Los Dominicos y de Tobalaba. Por cierto, brillantemente conducido por Germán Picó su dueño, existiendo ya a esas alturas una total y perfecta simbiosis entre la potente máquina y su hábil piloto.

La fama del precioso coche llegó a la cúspide luego de sus espectaculares triunfos en los Grandes Premios SOPESUR (Sociedad Periodística del Sur) de los años 1965 y 1966, entre las ciudades de Santiago, Puerto Montt y Concepción. En la carrera del ‘65, en la que corrió con el N°81, tuvo una actuación muy sobresaliente al escoltar de cerca al vencedor de la serie mayor de Turismo Carretera, nada menos que el Chevrolet del popular campeón Raúl “Papín” Jaras. Germán Picó participaba en la categoría GTA (Gran Turismo Asimilado), la que por cierto ganó con facilidad, pero además con su Austin Healey superó a los competidores de todas las demás categorías, en una performance sorprendente con la que obtuvo el 2° lugar en la Clasificación General detrás de Jaras y superando al Ford Falcon de Boris Garafulic.

Al año siguiente, en la SOPESUR del ‘66, Picó superó lo que parecía imposible: ganarle en su bólido inglés a todos los potentes coches de Turismo Carretera. Esa carrera fue la que hizo que su auto deportivo se constituyera en objeto de admiración de todos los jóvenes aficionados que tuvimos la suerte de ir a pararnos al costado de la Panamericana Sur para ver pasar el Gran Premio. De madrugada nos ubicamos cerca de Angostura con un grupo de amigos, con los que vibramos y saltamos de emoción con el paso raudo del deportivo rojo que lucía el número 101 en aquella ocasión. Su actuación en esa carrera fue absolutamente increíble: batió primero el récord entre Santiago y Valdivia con 4 horas 37 minutos y 9 segundos para los 816 kilómetros de recorrido. Como si eso fuera poco, entre Santiago y Puerto Montt paró los cronómetros en 5 horas 46 minutos y 52 segundos a un promedio de 176,825 KPH. Pese a sus esfuerzos, los astros Boris Garafulic, Alfredo Rebolar y Luis Gimeno, que comandaban la serie de Turismo Carretera en sus coches Ford, no lograron superar a Germán Picó y su pequeño gigante inglés. El Austin Healey se coronó vencedor del Gran Premio logrando hacer su recorrido total entre Santiago, Puerto Montt y Concepción en el tiempo de 9 horas 39 minutos y 34 segundos, a una velocidad promedio de 175,279 KPH; marca con la que quebró en casi 14 minutos el récord que tenía el campeón nacional “Papín” Jaras para la misma distancia. Luego de ese magnífico triunfo “el Austin Healey de Picó” pasó a ser un verdadero objeto de culto entre los tuercas, una leyenda hasta el día de hoy.

 

 

Podría pensarse que la increíble hazaña del Austin Healey de Picó en el Gran Premio SOPESUR de 1966 fue su victoria deportiva más importante, pero en realidad hubo otra tanto o más relevante por su prestigio internacional. Fue pocos meses después cuando el ya célebre deportivo fue llevado hasta la ciudad de Lima para la disputa de la afamada prueba internacional denominada Las Seis Horas Peruanas. En esa larga y extenuante carrera Germán Picó compartió la conducción con su amigo, el conocido piloto Alberto Reyes Finlay.  En Lima, el Healey tuvo el honor de lucir el N°1 y ocupar el primer lugar en la largada tipo Le Mans. La carrera fue muy disputada e hizo vibrar al numeroso público. Al concluir las largas seis horas de competencia el binomio chileno se alzó con el triunfo en la categoría de Fuerza Libre internacional. Así, el ya mítico Austin Healey conducido magistralmente por la dupla Picó-Reyes superó una vez más a coches de carrera más poderosos. En esa carrera internacional peruana había marcas con mucho pedigree deportivo, entre los que se contaban algunos Ferrari, Porsche, Mercedes Benz, Ford Mustang, Cobra y Lotus. Volvió entonces victorioso el Austin Healey a Chile cargado de premios, copas y honores.

Sin embargo, al año siguiente, su propietario decidió vender el glorioso automóvil británico con todos sus laureles, al pasar Germán Picó a integrarse como piloto oficial de la Scudería de Concesionarios Fiat (junto a los hermanos Juan Manuel y Santiago Bengolea, con coches Fiat 1500). El deportivo inglés fue comprado por el señor Juan Trabucco, quien a su vez se lo vendió luego a los hermanos Peralta, conocidos corredores de la época. Lamentablemente, y a poco andar, los Peralta se accidentaron en él y el auto se incendió, destruyéndose completamente. Así llegaría el muy triste final de este deportivo de carreras noble y victorioso, ícono de los años sesenta, el que llegó a ser auténtica leyenda de nuestro automovilismo. Germán Picó Domínguez, su eximio conductor que llevó al Austin Healey a tantos triunfos, falleció en agosto del año 2013. Ambos han quedado ocupando un sitial muy destacado en lo alto de la historia del automovilismo deportivo chileno.

 

Pintura del famoso Austin Healey realizada por el artista Cristóbal González