(1907 – 1994)

Uno de los volantes chilenos más populares, exitosos y con más larga trayectoria deportiva. Fue por varias décadas uno de los principales actores de la actividad mecánica de competición. Bartolomé Ortiz Saénz se ganaría inicialmente su fama de piloto temerario corriendo en motos, lo que hizo entre los años 1933 a 1948. Destacó en los circuitos capitalinos, logrando sus mayores triunfos en motociclismo en el Parque Cousiño, en Limache, en Isla de Maipo y en una carrera de Santiago a Talca. También compitió exitosamente en dos ruedas en Argentina. Posteriormente, siguió corriendo esporádicamente en moto, pero se volcaría más hacia al automovilismo, debutando en el Circuito de Barrancas a borde de un Ford; marca con la que se identificaría a lo largo de su vida.

En su baquet Ford en el año 1948, con el que corrió más en Argentina que en Chile

Su estilo agresivo lo haría famoso, pero también le provocó innumerables accidentes, con los que se ganó el sobrenombre de “Loco” por su audacia, arrojo y velocidad. Para muestra un botón, increíble pero cierto, sacado de una entrevista suya a la prensa de aquellos años: “Con mi amigo Latcham de copiloto en la moto, corrimos en una Santiago-Talca, y como el ripio era muy áspero me pidió que lo amarrara de los pies a los pedales. Al enfrentar el cruce de la línea en Chimbarongo divisamos un tren a lo lejos, y una señora que las oficiaba de guardavías, trató de pararnos agitando los brazos como quien corretea gallinas. No le hice caso y ella no se apartó; la atropellé y nos fuimos a tierra. Quedamos a pocos centímetros de la línea botados y con Latcham amarrado de los pies a la moto. Pasó el tren, enderecé a Latcham con la moto y seguimos para Talca logrando el triunfo. Dicen que la señora quedó mal, pero nunca más pude saber de ella. Era el año 1939.”

En su primera época en el automovilismo, Ortiz ganaría varias veces en pruebas en Barrancas, en Pedreros, en el Parque Cousiño y la Quinta Normal. Además, en la típica competencia carretera de aquellos años: Las Tres Provincias, un circuito entre Santiago y Valparaíso. Fue también actor habitual de las competencias en Argentina.

El Coupé Ford de los años ´40 y comienzos de los´50.

En 1947 tuvo una excelente actuación en el Gran Premio Internacional entre Chile y Argentina (que abarcó de Buenos Aires, a Santiago, Viña del Mar, Copiapó, Tucumán, Resistencia, Santa Fé y meta en Buenos Aires), y en 1948 participó en el legendario Gran Premio de la América del Sur, destacándose por andar entre los primeros lugares en algunas etapas de la primera parte. En definitiva, en la famosa y maratónica carrera Buenos Aires – Caracas, Ortiz llegó a la capital de Venezuela en el lugar 18° entre los 44 corredores que lograron terminar la prueba y fue el mejor chileno clasificado.

En 1950 fue uno de los dos pilotos chilenos escogidos para representarnos en el único Grand Prix de la República de Chile, en el circuito de Pedro de Valdivia Norte, con autos monoplazas de fórmula libre, donde participaron astros internacionales como Juan Manuel Fangio, José Froilán González y el campeón francés Luis Rossier. El popular “Bartolo” tuvo un sobresaliente desempeño y logró un espectacular cuarto lugar piloteando un monoposto marca Simca Gordini, de propiedad del Automóvil Club Argentino (ACA), en la histórica competencia cuyo ganador fue el célebre Fangio a bordo de un Ferrari 166, escoltado por su amigo Froilán González en un Ferrari similar.

Con el Simca Gordini del A.C.A. (N° 20) en el Grand Prix de Chile en 1950

 

En los primeros años de la década del 50 siguió cosechando victorias en circuitos, siendo en el de Macul donde logró uno de sus más importantes galardones al ganar la prueba, derrotando nada menos que al campeón argentino Óscar Alfredo Gálvez. Tal vez su momento más glorioso de aquella época, a nivel internacional, lo consiguió al vencer en forma aplastante en el Gran Premio del Perú (Lima-Arequipa-Nazca-Lima) en el año 1952, donde llegó a la meta en Lima con casi una hora de ventaja sobre el coche que ocupó el segundo lugar.

En diferentes años tuvo a varios personajes de copiloto, como a Tomás “El Chino” Lí, (después copiloto de Raúl “Papín” Jaras y de Eugenio Velasco); al mendocino Julio César (“Pichón”) Castellani, y a quien lo secundara por muchos años en la butaca derecha de su cupecita, y en la gran mayoría de sus éxitos, Juan Manuel Silva. También el club de sus amores, Santiago Morning, lo acompañaría siempre con su insignia pintada a los costados de sus autos de carrera.

Con su copiloto de tantas carreras, Juan Manuel Silva

 En 1955, Ortiz golpeó a la cátedra cuando se impuso en la prueba Santiago a La Serena pulverizando todos los récords de velocidad hasta entonces, estableciendo un tiempo de 3 horas 2 minutos y 45 segundos, a un promedio de 156,279 kilómetros por hora. Como sería su brillante y veloz performance que cuando llegó a la meta no había nadie preparado, ni menos con la bandera cuadriculada a tan temprana hora, por lo que simplemente los sorprendidos controles debieron bajarle un pañuelo blanco a su arribo. Esta anécdota la recordaría por mucho tiempo. Años después, él mismo bajaría su propio récord desde la capital a La Serena, dejándolo en 2 horas 35 minutos. Una verdadera proeza en los caminos de esa época.

En los años venideros, triunfa en varias carreras, entre ellas, nuevamente en Las Tres Provincias en 1957. En la década de los 60, Ortiz obtuvo tantos triunfos que resulta incluso tedioso enumerarlos. Ganó muchos Grandes Premios al norte, y también circuitos, como cuando se inauguró el autódromo de Rocas de Santo Domingo. Basta con señalar que no por casualidad salió Campeón de Chile de Turismo Carretera en forma ininterrumpida desde 1961 hasta 1964. En su palmarés quedarán sus victorias internacionales y, en Chile, sus reiterados éxitos al ganar varias veces carreras famosas como la Santiago a Arica, las Tres Provincias, la Santiago a La Serena, etc. Y para la historia nos dejó varios récords sin batir, como aquél entre Santiago y Arica, de apenas 13 horas con treinta minutos y fracción.

En la inauguración del circuito de Santo Domingo en 1962
En el Gran Premio SOPESUR del año 1965

 Luego de 33 años de participar en competencias deportivas, el gran Bartolomé Ortiz (a quien el público apodaba simple y cariñosamente “Bartolo”), se retiró como campeón en el año 1965. Fue uno de los escasos pilotos chilenos cuyo nombre trascendió las fronteras, ya que causaba admiración incluso entre sus linajudos rivales de Argentina y Perú. Sin lugar a duda su nombre ocupa un lugar de privilegio en nuestra historia deportiva, ya que fue un gran personaje; una primerísima figura del automovilismo sudamericano por más de treinta largos años. Falleció en Santiago, en abril de 1994.


Afortunadamente, dos de sus exitosos autos de carrera se conservan en excelente estado hasta el presente, pudiendo ser admirados uno en el Museo Jedimar en Santiago y otro en el Museo del Automóvil de Colchagua, en Lolol.