EL PRIMER CAMPEÓN CHILENO DE AUTOMOVILISMO

Un piloto audaz, talentoso, de nervios de acero, con un físico de astro de boxeo, de una fortaleza como pocos. Un verdadero coloso al que nadie le discute el derecho a figurar entre los grandes volantes chilenos de todos los tiempos. Fue el primer ídolo popular en los albores del automovilismo nacional, y tenía hasta nombre de campeón: Aladino Azzari.

Este pionero del automovilismo y la aviación nació en Valdivia en 1897. Terminados sus estudios se vino a la capital, iniciándose primero en el motociclismo a partir de los inicios de la década del veinte. Corrió en las competencias organizadas en el Parque Cousiño y su mayor éxito vino en 1923, al ganar una carrera de motos sobre una distancia de 50 kilómetros. Desde 1924 se dedica de lleno al automovilismo obteniendo su primer triunfo en la carrera de Quinteros a Valparaíso, en la que se impuso con un notable promedio de velocidad de 135 KPH considerando los infernales caminos de tierra de la época. Además, los coches de carrera eran descubiertos, de modo que los tripulantes estaban expuestos a las piedras, el polvo y las inclemencias del tiempo.

Con ese triunfo aumentó su pasión por el automovilismo, compitiendo en coches de varias marcas, como Ford y Dodge. Sin embargo, su nombre pasaría a la historia asociado a la marca de sus mayores éxitos deportivos: Studebaker.

En enero de 1925 se realizaría unos de los primeros grandes premios por caminos rurales de nuestra historia y Azzari obtuvo allí una de sus más espectaculares victorias piloteando su Studebaker, al imponerse en esa carrera entre Santiago y Lontué, estableciendo el increíble tiempo récord de 3 horas 16 minutos y 5 segundos para una distancia de 219 kilómetros. Esta victoria lo lanzó a la fama y su fotografía acaparó portadas de diarios y revistas.

 

Ese mismo año, Azzari ganó la primera edición del Circuito Sur, entre Santiago y Puente Alto, cuya distancia por vuelta era de casi 40 kilómetros. Este escenario se convertiría a partir de entonces en el más clásico del automovilismo capitalino, donde se hacían varias competencias por año.

Posteriormente, en 1926, y a bordo del victorioso Studebaker, Aladino Azzari ganó la carrera Santiago-Cartagena, sobre 100 kilómetros, mejorando todos los tiempos anteriormente establecidos entre la capital y el balneario, por una ruta en precarias condiciones, llena de sorpresas, baches e imprevistos. Su nombre pasó a ser sinónimo de velocidad y era repetido por niños y jóvenes que lo querían emular. La frase “más rápido que Aladino Azzari” pasó a ser de uso habitual entre los chilenos en la década del veinte.

En 1927 participó en una carrera entre Santiago y Panimávida, y ya al pasar por la ciudad de Rancagua, Azzari le llevaba más de siete minutos de ventaja a sus perseguidores, por lo que todo indicaba que sería una nueva victoria suya.

Sin embargo, sufrió un grave accidente cuando sorpresivamente se le cruzó un enorme vacuno al que no logró esquivar, embistiéndolo frontalmente a gran velocidad. El piloto estuvo a punto de ahogarse ya que el auto cayó a un canal y él quedó debajo. Logró salir del agua y permaneció largo rato tirado a la orilla del camino antes que llegara ayuda. Luego de ser auxiliado fue hospitalizado con lesiones de cuidado. Gracias a su organismo a toda prueba pudo recuperarse, pero ese incidente lo marcaría para siempre, ya que dejó de ser el volante audaz, temerario y arriesgado que sólo pensaba en acelerar, convirtiéndose en un conductor más cerebral y calculador. En otras palabras, ese accidente lo transformó en un piloto mucho más completo y experimentado, con lo cual aseguraría su racha de victorias posteriores, especialmente en el famoso Circuito Sur donde pasó a ser el amo, a quien todos soñaban con vencer.

Además, luego del accidente Aladino cambió su cabalgadura por otro Studebaker más moderno y veloz, el que contaba con un potente motor de ocho cilindros, además de una suspensión especial de 16 amortiguadores que lo ayudaba a estabilizarse, pero eso mismo lo hacía dar grandes y aparatosos saltos, tal como los machos cabríos, por lo que fue apodado “El Cabro”.

En él, Azzari logró en 1929 un nuevo triunfo importante al ganar una carrera en el circuito carretero entre San Antonio-Leyda-San Juan-Llolleo y San Antonio. Sus éxitos en el Circuito Sur también se sucedían. De sus muchas victorias, la más rimbombante en ese escenario santiaguino sería el gran premio internacional de 1930, cuando vinieron especialmente invitados los astros de Argentina, entre ellos el campeón Carlos Zatuszek con su famoso Mercedes Benz SSK, y Víctor Ricardo Carú en un Fiat.

Fue un duelo vibrante en el que Azzari demostró todo su talento y sapiencia, dejando que Zatuszek se fuera adelante e “hiciera el gasto”, mientras lo mantenía a la vista y se cuidaba de Carú que corría a sus espaldas. Incluso el Mercedes del astro argentino (que en rigor era originario de Austria) logró el récord de la vuelta, pero su rápido andar le deterioró los neumáticos y debió detenerse a cambiarlos. Tomó allí el liderato nuestro as, en su invicto Studebaker, y no soltaría la punta hasta que no le bajaron la bandera a cuadros, resultando inalcanzable para sus afamados rivales. Los transandinos debieron conformarse con escoltar a Azzari, el imbatible dueño de casa y amo del Circuito Sur. Sumó así un nuevo gran triunfo a su exitosa trayectoria, imponiéndose a los créditos argentinos. Sin duda Aladino Azzari fue un gran campeón que sacó la cara por Chile en más de una oportunidad.

Azzari y su Studebaker cruzando victoriosos la meta en el Circuito Sur que ganó tantas veces

En su carrera deportiva tomó parte en un total de 18 carreras, de las cuales fue el ganador en 15, se clasificó entre los primeros en dos y solo en una sufrió un accidente que lo dejó a maltraer. Aladino Azzari se retiró del automovilismo en gloria y majestad en 1932, dejando una huella indeleble.

Pasó entonces a dedicarse de lleno a su otra pasión, los aviones. Como buen piloto temerario y aventurero, hizo varios largos raids aéreos por todo el país, e incluso algunos internacionales a Perú y Argentina. Es más, ganó concursos de vuelos acrobáticos, de bombardeos y de aterrizaje entre los años 1935 y 1939; viajando ese último año a Europa comisionado por el Aéro Club y por el Automóvil Club de Chile.

Fue el primer instructor civil de aviación del país y uno de los pioneros del Club Aéreo de Chile, del cual fue presidente y director. Más tarde se desempeñaría como profesor e instructor de los aspirantes a pilotos de la línea aérea nacional LAN-Chile, entre los cuales estaba su hijo Aladino Azzari Pinochet, quien llegó a ser comandante.

Entre sus discípulos en LAN-Chile también estuvo el corredor de automóviles Jorge (“Tote”) Jarpa Reyes, quien llegaría a ser no solo comandante, sino además el piloto personal del presidente Jorge Alessandri Rodríguez, a quien llevó en 1962 a su gira oficial a Estados Unidos de América (invitado especialmente por el presidente Kennedy), la que además cubrió los países de México, Panamá, Ecuador y Perú.

Así fue Aladino Azzari López, un hombre multifacético, un pionero de la velocidad en tierra y aire, quien haciéndole honor a su nombre pasaría a la historia como un verdadero genio de los autos y los aviones. Falleció en Santiago en el año 1974.